
Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero
Dos meses y un día. No es el tiempo de condena que podría tener que cumplir cualquier corrupto político trajeado. Tampoco es el periodo de gestación de un avestruz tropical. Es lo que ha tardado en llegar la increíble coincidencia, el histórico acontecimiento planetario, el súmmum político del Siglo XXI. Noventa y cinco velas se juntarán hoy en la imaginaria tarta intercontinental. ZP y Obama, Obama y ZP, celebran su aniversario, y no es de bodas precisamente.
Y es que ya son 61 días los que han pasado desde que Leire Pajín cogiera las tablas de Moisés y, en su particular Deuteronomio, advirtiera a la Potencia Mundial de la Siesta del extraordinario suceso venidero. “Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE”, dijo la secretaria de organización. Olé sus huevos, hay que tenerlos bien puestos para salir a la palestra con semejante discurso y no echarse uno a reir.
Que quede claro, tampoco me parece que vaya a llegar el Apocalipsis de Juan. El Nuevo Testamento -por seguir en el ámbito mesiánico- puede estar tranquilo. Mientras tanto, El Tío Sam no cesa en su particular cruzada en busca de la Santa Salud Norteamericana y de la Madre de Todos los Raíles que recorra los cincuenta estados muy unidos, al tiempo que Zeta Pé tendrá que dividir sus fuerzas entre la aritmética de las economías domésticas y la de las mentes y ánimos patrios, focalizadas, como no puede ser de otra manera, en los desgraciados, interminables y cada vez más repugnantes e inexplicables sucesos de Burgos y Mallorca.
Cuatro de agosto, balance. Cumpleaños: dos. Problemas, por infortuna: incontables. Y la vida sigue, ya saben, como todas aquellas cosas que carecen de algún sentido, maestro Sabina.

