Aldo Torrecilla

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Adios, Generación 80

In crisis, españa, Política on 6 febrero 2011 at 4:12 pm
Cola en el INEM.

Cola en el INEM.

 

Artículo de opinión, publicado el 06-02-2011 en Tribuna de Salamanca.

http://www.tribuna.net/noticia/58485/OPINI%C3%93N/aldo-torrecilla-dando-tirar-adi%C3%B3s-generaci%C3%B3n-80.html

Me lo tengo que hacer mirar. Sábado tras sábado, o cuando quiera que me dé por ponerme un rato al ordenador para compartir lo que pienso contigo, empiezo la redacción cual monologuista barato. Que si “viniendo en el taxi…”, o “¡no sabéis lo que me pasó el otro día…!”. Fórmulas baratas y un tanto desgastadas. Eso sí, doy fe, la que os cuento aquí es la historia de un porrón de gente con la que comparto mis horas, minutos y segundos, desde hace ya casi una treintena de años.
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La vergüenza ajena

In asesinatos, atentados, cliffs of moher, españa, eta, ira, irish independent news, irlanda, irlanda del norte, sinn fein, terrorismo, u2, vergüenza, viajes on 5 agosto 2009 at 2:08 pm
Restos del coche bomba que acabó con la vida de los guardias civiles Diego Salva y Carlos Sáenz de Tejada en Mallorca. / TELEGRAPH.CO.UK

Restos del coche bomba que acabó con la vida de los guardias civiles Diego Salva y Carlos Sáenz de Tejada en Mallorca. / TELEGRAPH.CO.UK

Si sois gente muy próxima a mí sabréis que estoy aprovechando para hacer en el periodo estival lo que no he podido disfrutar durante los últimos años; viajar, conocer gentes, mundo y culturas, por próximas que la globalización se encargue de que sean. Salir del hoyo, enseñar, aprender y aprehender, coger por los cinco sentidos lo que uno puede abarcar.

Por desgracia, si a uno le preguntan cuál es su nacionalidad, cada día siente más y más vergüenza. En una zona del planeta tan poblada por españoles como es Dublín, aún más. Desconectado completamente del mundo, compré uno de los periódicos locales, el Irish Independent News. Tenía en mente hacerlo, pero me vi ya completamente obligado al observar la foto de portada. Con un paralelismo que nunca me gustaría vivir, recordé cómo Bono entonaba el “Sunday, bloody sunday”, en un Croke Park en el que sentí el recuerdo de la tristeza pasada por agua de otras 80.000 personas. “I can’t believe the news today”, reza al inicio el tema. Lo mismo pensé yo al ver que Burgos exportaba violencia a la Tierra. Los restos de un edificio en ruinas captaban la atención de un país que ha vivido increíblemente de cerca el asqueroso fenómeno del terrorismo y que, aún con ciertos resquicios sociales del mismo, lee con tristeza cómo el virus sigue intacto en otra zona terráquea, matando e intentando matar sin piedad ni restos de inteligencia algunos.

La noticia me amargó un precioso viaje que tendré que narrar en otro momento, a una de las futuras maravillas del mundo de la naturaleza, Cliffs of Moher. Estúpido de mí, no sabía que la incursión burgalesa no sería el único “gustazo” que se iban a pegar los cobardes en aquellas horas. En el avión de vuelta a Madrid, de nuevo compra del Independent, y de nuevo vergonzosa presencia patria en la “uno” del papel. Además, en esta ocasión, robaron dos vidas que nada tenían que ver -como siempre- con las ansias independentistas de los protagonistas de tamaña pesadilla.

ETA vuelve con su misión de sembrar el pánico por todo el país, de infiltrar el miedo a un pueblo que, tristemente, se acostumbra al horror. Entre tanto, los diarios sensacionalistas extranjeros aprovechan para meter el dedo en la reciente e imposiblemente cerrable llaga. Oportunistas, sí. Mentirosos, bastante. Pero la excusa la tienen.

Pasan los días y tenemos que mirar con envidia a la isla del arpa y la Guinness. Dentro de menos de 30 días, el próximo 3 de septiembre, será una jornada festiva en las dos Irlandas. Y no hay que tener más de dos dedos de frente para desear que los impresentables miembros de ETA quieran imitar la deposición armamentística. Es, desafortunadamente, lo único que no les ha apetecido copiar.

Los tulipanes vascos del verano

In eeuu, tolerancia, viajes on 18 julio 2009 at 6:10 am
Tren de las Nubes, en Argentina.

Tren de las Nubes, en Argentina.

Lo largas que se hacen las noches veraniegas… y lo mucho que aprende uno en ellas. Es de agradecer encontrar puntos de vista comunes, sin duda. Resumo.

He tenido un viaje horrible en el día de hoy. Las condiciones no eran idóneas: cargado de maletas y bolsas del Ikea -para redecorar mi vida-, he emprendido la marcha en Chamartín hasta la alamedillense estación de Salamanca, en el “nuevo” tren. Muy a mi pesar, he comprobado que las críticas son ciertas, es decir: sigo tardando tres horas en llegar a mi ciudad (200 km de trayecto), en un vagón incómodo, cuya única mejora consiste en -todo hay que decirlo- la inclusión de un enchufe por asiento.

Una vez asumido el primer punto, me he dedicado a escuchar una interesantísima conversación entre varias de mis compañeras de travesía.

-De verdad, no entiendo como funciona esto…es que…este libro lo podría haber escrito yo!! Es una farsa, un engañabobos. Desde luego (aquí viene la frase del verano), ahora hay dos epidemias: La gripe A y la mierda de Millennium.

Atemorizado por lo que acababa de escuchar, volví a mirar el libro que sostenía entre mis manos. Sí, amigos, estoy enganchado a las aventuras de Lisbeth Salander. Por hiriente e irrespetuoso, no valoré el comentario que había escuchado. Confié en que el viento se encargara de la mala educación reinante en el ambiente.

-De verdad, que me voy a dedicar a escribir mierdas de estas, que se las lee todo el mundo. Es que vaya capullada de libros… ¿por qué la gente no leerá a García Márquez o a… a… otros? Libros que hablen de filosofía, de existencialismo, o como ese de… ehh, si, ese que iba sobre…

Miré hacia atrás. La osada muchacha no pasaría de los 30, pero sentaba cátedra como si doblara la edad. El resto del viaje fue similar: grandilocuencias a un tono suficientemente elevado como para que el vagón supiera que Sócrates ocupaba una plaza en el viaje. Llegué a casa destrozado, anímica y espiritualmente. Me debatía entre si soy un necio por leer “best-sellers”, o por si no entiendo a mis compañeros de generación.

Poco -o mucho- después, he conseguido tranquilizarme. Y volver a creer en que, por mucho que el tren no me lo hubiera demostrado, el hecho de viajar elimina conductas como la que había vivido. Abre la cabeza (la mente no, suena cursi, dicen), y uno aprende a vivir y a beber de otras cultuas. A tolerar, incluso, esa manía que tiene uno de no leer demasiado y, cuando lo hace, dedicarse a la lectura “fácil”. Hace poco tiempo he cruzado el charco, y yo mismo descubrí lo intolerante que he sido y los prejuicios que he tenido antes de visitar el continente americano. Entiendo pues (aunque no comparta) a la “amiga” del tren.

Me ha bastado un tulipán vasco en una noche de verano. Curiosa mezcla. Gran resultado.

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