Aldo Torrecilla

Posts etiquetados ‘reflexiones’

El hombre del traje ¿gris?

In abstencion, actualidad, anchoas, barberá, camps, crisis, dimisiones, eduardo mendoza, elecciones, españa, europa, General, miguel angel revilla, paro, Política, pp, psoe, votos, zapatero, zp on 9 julio 2009 at 2:35 pm
Francisco Camps, en una reciente rueda de prensa, en el Ayuntamiento de Algemesí. / CARLES FRANCESC, EL PAÍS

Francisco Camps, en una reciente rueda de prensa, en el Ayuntamiento de Algemesí. / CARLES FRANCESC, EL PAÍS

No me voy a extender mucho. Moral, éticamente no es posible. De hecho, esta entrada va a quedarse al 45,14% de lo que en un principio estaba pensada, total, hablando de política, no debería interesar a mucha más gente. Los datos de abstención de las últimas elecciones, unas cada vez más descafeinadas europeas, así lo indican. A la gente se la trae al pairo quién les represente en el Parlamento Europeo, o que se quiera o no reformar el Banco Central Europeo. Nos interesa cada vez más el aquí y el ahora, y el aquí y el ahora que nos ocupa es triste, patético y antiprofesional.

De un tiempo a esta parte, la política española y la plana mayor de su reparto coral, se han olvidado de para y por quién cobran sus nada humildes emolumentos cada mes. El político medio vive cada vez más lejos del elector y más cerca de un cirro, un cúmulo o un estrato. Quiero creer que, en el fondo, su gran problema es no conocer los intereses del señor/a que, un domingo de cada muchos, se acerca -o no- a un colegio electoral con el pesimismo por bandera.

Qué mejor que ilustrarlo con un ejemplo de entre miles. En estos tiempos en los que una cacería puede fulminar a todo un Ministro de Justicia, la señoRita Idem Barberá, alcaldesa de la ciudad de moda -desde hace ya tiempo- decide que lo que quiere escuchar de una boca tan autorizada el conjunto de los españoles es lo siguiente:

“Hasta que no dimita Zapatero por las anchoas, no dimite nadie en mi partido”.

Me gustaría ver al extraterrestre Gurb, del genial Eduardo Mendoza (“Sin noticias de Gurb”, Seix Barral. 1991), interpretar esta frase en su llegada a la tierra. Cualquiera de sus pensamientos se alejaría, sin duda, del contexto de Barberá. De unos u otros colores, si uno de los mayores problemas de los españoles es que el inigualable presidente cántabro, el buenafuentino Revilla, regale o deje de hacerlo pescado al presidente del Gobierno, apaguemos y vayámonos. ¿Qué hay del paro y la crisis de los (h)unos y de la corrupción y las mentiras de los otros?

Lo mejor, como siempre en estos casos, es vaticinar la abstención de los próximos comicios. Preparen sus apuestas, betandwin y similares echarán humo. Si no, al tiempo

Morir en vida; vivir muerto

In actualidad, arte, california, danza, eeuu, españa, fallecimiento, funeral, General, homenaje, los angeles, Música, michael jackson, muerte, staples center, televisión on 8 julio 2009 at 4:54 am
El cementerio Forest Lawn de Los Angeles, ubicado en las colinas de Hollywood. /REUTERS

El cementerio Forest Lawn de Los Angeles, ubicado en las colinas de Hollywood. /REUTERS

Mariah Carey, Stevie Wonder y Jennifer Hudson, con su potente voz. Todos estaban en el Staples Center de Los Angeles, cantando al rey muerto. Y él, toneladas de vatios a su alrededor, no escuchó nada.

Ya era demasiado tarde, otro homenaje póstumo, y eso que no son los compadres norteamericanos (tampoco otros, como nuestros vecinos franceses) muy de olvidar a los más grandes entre los suyos; todo lo contrario, los ensalzan hasta la delgada línea roja que separa al mito del ‘petardo’. Es éste un prisma que dista mucho del nuestro, tan cañí, que prefiere destrozarlos -deportistas aparte, claro está- antes que elogiar sus virtudes. La envidia, esa insana costumbre.

A pesar de que la tragedia para la música popular llegara esta vez en el estado dorado de California y no en la piel de toro, el resultado ha sido el mismo. Michael Jackson se ha ido para siempre, y se ha perdido el espectáculo que más le hubiera emocionado, aquel en el que sus familiares, amigos y hordas de seguidores, contados por millones en todo el planeta, le entregaban eternamente sus reconocimientos y memorias, a cambio de haber recibido durante 40 años las cuerdas vocales de ‘Jacko’, con lo que eso supone.

El acto ha sido espectacular, como no podía ser de otra forma. Una auténtica barbaridad ‘made in U.S.A.’, un concierto de altura en la pista de los Lakers, equipo homenajeado como todo (deportista, ya saben) campeón se merece. Por cierto, Kobe Bryant  y ‘Magic’ Johnson estaban en el pabellón angelino, pero por una vez nadie se fijó en ellos. Eran Paris Jackson, hija del cantante, y la actriz Brooke Shields, amiga de infancia, los auténticos centros de atención. Seguramente dos de las personas que más homenajes le habrán hecho en vida a Jackson, de las 17.500 que se congregaron en el Staples.

Capítulo aparte: cabe preguntarse que habría pasado aquí, en nuestra querida tierra, a tan póstumo y reparador título. Con los antecedentes que tenemos, no debería haber muchas dudas. Los aficionados al fallecido agotarían la producción de tapones auditivos, para no escuchar sandeces. El hecho de que Jackson muriera quedaría, desde el mismo instante de su parada cardiorrespiratoria, relegado a un tercer, o un cuarto plano. Cientos de colaboradores, mamarrachos y ‘opinatodos’ saturarían las televisiones en su claro objetivo de protagonizar la próxima temporada de ‘C.S.I.’, sacar todos los trapos sucios habidos y por haber, y especular sobre su presente, pasado y futuro. Menos mal que las dos ‘W’ más codiciadas del periodismo, las del ¿cómo? y el ¿por qué?, quedarían siempre a buen recaudo de sus afilados dientes.

En todo caso, nacionalidades al margen, Michael es otro de muchos a los que el homenaje les llega tarde. Desde hoy mismo tendríamos que ponernos manos a la obra, coger a nuestros ídolos, y devolverles una mínima parte de lo que nos hayan entregado. Estén tranquilos, no tienen por qué ser famosos más allá de su entorno. Una madre, o un padre pueden y suelen servir; hace poco, uno de mi más sinceros amigos, consiguió reunir a familiares y amigos para rendir tributo a su progenitora, una madraza a la que la vida no siempre ha sonreído y que no pasará todavía de las 55 primaveras. Ella lloró como nunca lo había hecho, según tengo entendido.

Hasta aquí mi respeto. Tarde, claro, para predicar con el no-ejemplo.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.