
Restos del coche bomba que acabó con la vida de los guardias civiles Diego Salva y Carlos Sáenz de Tejada en Mallorca. / TELEGRAPH.CO.UK
Si sois gente muy próxima a mí sabréis que estoy aprovechando para hacer en el periodo estival lo que no he podido disfrutar durante los últimos años; viajar, conocer gentes, mundo y culturas, por próximas que la globalización se encargue de que sean. Salir del hoyo, enseñar, aprender y aprehender, coger por los cinco sentidos lo que uno puede abarcar.
Por desgracia, si a uno le preguntan cuál es su nacionalidad, cada día siente más y más vergüenza. En una zona del planeta tan poblada por españoles como es Dublín, aún más. Desconectado completamente del mundo, compré uno de los periódicos locales, el Irish Independent News. Tenía en mente hacerlo, pero me vi ya completamente obligado al observar la foto de portada. Con un paralelismo que nunca me gustaría vivir, recordé cómo Bono entonaba el “Sunday, bloody sunday”, en un Croke Park en el que sentí el recuerdo de la tristeza pasada por agua de otras 80.000 personas. “I can’t believe the news today”, reza al inicio el tema. Lo mismo pensé yo al ver que Burgos exportaba violencia a la Tierra. Los restos de un edificio en ruinas captaban la atención de un país que ha vivido increíblemente de cerca el asqueroso fenómeno del terrorismo y que, aún con ciertos resquicios sociales del mismo, lee con tristeza cómo el virus sigue intacto en otra zona terráquea, matando e intentando matar sin piedad ni restos de inteligencia algunos.
La noticia me amargó un precioso viaje que tendré que narrar en otro momento, a una de las futuras maravillas del mundo de la naturaleza, Cliffs of Moher. Estúpido de mí, no sabía que la incursión burgalesa no sería el único “gustazo” que se iban a pegar los cobardes en aquellas horas. En el avión de vuelta a Madrid, de nuevo compra del Independent, y de nuevo vergonzosa presencia patria en la “uno” del papel. Además, en esta ocasión, robaron dos vidas que nada tenían que ver -como siempre- con las ansias independentistas de los protagonistas de tamaña pesadilla.
ETA vuelve con su misión de sembrar el pánico por todo el país, de infiltrar el miedo a un pueblo que, tristemente, se acostumbra al horror. Entre tanto, los diarios sensacionalistas extranjeros aprovechan para meter el dedo en la reciente e imposiblemente cerrable llaga. Oportunistas, sí. Mentirosos, bastante. Pero la excusa la tienen.
Pasan los días y tenemos que mirar con envidia a la isla del arpa y la Guinness. Dentro de menos de 30 días, el próximo 3 de septiembre, será una jornada festiva en las dos Irlandas. Y no hay que tener más de dos dedos de frente para desear que los impresentables miembros de ETA quieran imitar la deposición armamentística. Es, desafortunadamente, lo único que no les ha apetecido copiar.