Aldo Torrecilla

Posts etiquetados ‘arte’

Tocando por el cambio

In arte, crisis, eeuu, españa, Música on 16 enero 2010 at 4:42 am
Playing for Change, en Madrid.

Playing for Change, en Madrid.

Artículo de opinión, publicado el 13-12-2009 en Tribuna de Salamanca.

http://www.tribuna.net/noticia/47701/OPINIÓN/dando-tirar-aldo-torrecilla-periodista.html

El enorme cono que adorna desde hace unos días la Plaza Mayor, convertido en festivalero árbol navideño, es sólo uno de esos cientos o miles de símbolos que le colocan a uno la sonrisa en la cara, inequívoco síntoma de que el tiempo de la felicidad obligada ya está aquí, puntual para con su cita, un año más. La decoración del presente año –dicho sea de paso– me parece una de las más adecuadas de los últimos años, y la reciente implantación de una gran superficie comercial en una avenida de cuyo nombre, no es que no quiera, sino que no puedo acordarme, son otros de esos tópicos que transforman el mes de diciembre.
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Osos polares que cantan copla

In arte, Música, mentiras on 2 noviembre 2009 at 8:10 pm

 

El artista Miguel Bosé.

El artista Miguel Bosé.

 

Artículo de opinión, publicado el 02-11-2009 en Tribuna de Salamanca.

http://www.tribuna.net/noticia/46512/OPINI%C3%93N/aldo-torrecilla-dando-tirar:-osos-polares-cantan-copla.html

Bien podría ser el título del próximo disco de cualquiera de nuestros originalísimos artistas. O la secuela cinematográfica de Los linces ibéricos al micrófono. Da lo mismo, sonaría igual de ridículo. Tuve una sensación similar la semana pasada, con el amigo Bosé, Miguel Bosé, que se atrevió a comparar a su gremio –luego a sí mismo también– con las dos especies de las que venimos hablando. Al tío de Bimba –¿quién puede llamar a su hija como al pan de molde?– se le ha vuelto a abrir mucho el buzón, esa crucecita que lleva a cuestas. Y van…
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Los hombres que no amaban a Stieg Larsson

In adaptación, arte, brad pitt, cine, crítica, General, lisbeth salander, millennium, noomi rapace, quentin tarantino, stieg larsson, suecia on 10 julio 2009 at 8:56 am
stieg_larsson

El periodista y reportero de guerra sueco Stieg Larsson./DAVID LAGERLOF.EXPO

Para aquellos que aún no se hayan leído la primera novela de la trilogía “Millennium”, tranquilos, no voy a destrozar nada. Primera advertencia. Segunda: Aléjense de las salas de cine, si tienen ya su entrada en la mano, rómpanla, sin problemas. La memoria de Larsson se lo pagará de alguna inesperada forma.

Cuatro años después de su inesperado fallecimiento, el periodista, reportero de guerra y entonces novelista sueco Stieg Larsson está alcanzando su mayor momento de fama. Un ataque al corazón, deseado por aquellos grupos de la extrema derecha antidemocrática a los que atacaba desde sus proyectos ‘Stop the Racism’ y ‘Expo Foundation’, nos ha dejado sin más Mikaels Blomkvists y Lisbeths Salanders. Niels Arden, director de la primera entrega cinematográfica, quiere rematar el trabajo.

Cierto es que uno ya iba con cierto resquemor a la sala. El trailer de “Millennium 1″ destripa completamente el argumento del libro. Imagínense que alguien les cuenta el secreto de “Los Otros”, del “Sexto Sentido” o de “El Orfanato” (y que vivan las ideas, por cierto…) antes de verlas. Matarle sería poco.

Una vez superado este percance, podemos entrar al circo. Es lo que nos sugiere un protagonista infinitamente más tonto que en el original, donde no tiene un pelo, por cierto. Retiro lo de circo: los payasos de la carpa al menos nos hacen reir. Si esperan al sagaz reportero de Millenium en la actuación de Michael Nyqvist, van listos. Mejor lo hace, sin duda alguna, Noomi Rapace. como la genial investigadora Lisbeth Salander. El “pequeño” problema es que su personaje tiene tela donde cortar, complejo sería decir poco. Todo un Mihura.

El universo creado por Larsson se va derrumbando, poco a poco, a lo largo de la interminable cinta (152 minutos, se quedó a gusto el amigo). Siendo cierto que hay que cortar por algún sitio, director o productores (o ambos) dan el tijeretazo en el sitio equivocado. Los personajes que hacen entender cómo son los protagonistas y sus motivaciones desaparecen, las mejores tramas secundarias no existen… Por decirlo de otra forma, se imaginan que nadie nos contextualiza a la familia Corleone en las magníficas entregas de “El Padrino” ; mal ejemplo, no nos vayamos tan lejos, ¿pueden hacerse a la idea de un Marty McFly viajando al pasado y al futuro sin tener un por qué en su -también trilogía- “Regreso al Futuro”?

El problema es de base. La cinta se preparaba cuando “Millennium” no era la saga best-seller en el mundo, y no se puede engañar al público proyectando un telefilme vendiéndolo como “La película del año”. Esto no es Ikea, amigos escandinavos. Los rumores ponen ahora el remake en manos de Tarantino y Brad Pitt a los que, sin haber visto aún “Inglorious Bastards”, les voy dando mi voto de confianza.

Por cierto, por una vez nos podemos sentir afortunados con la traducción del título. “Los hombres que no amaban a las mujeres” se llama en tierras anglosajonas algo así como “La chica con el tatuaje del dragón”. Créanselo, si han entrado ya en la magia de “Millennium”.

Morir en vida; vivir muerto

In actualidad, arte, california, danza, eeuu, españa, fallecimiento, funeral, General, homenaje, los angeles, Música, michael jackson, muerte, staples center, televisión on 8 julio 2009 at 4:54 am
El cementerio Forest Lawn de Los Angeles, ubicado en las colinas de Hollywood. /REUTERS

El cementerio Forest Lawn de Los Angeles, ubicado en las colinas de Hollywood. /REUTERS

Mariah Carey, Stevie Wonder y Jennifer Hudson, con su potente voz. Todos estaban en el Staples Center de Los Angeles, cantando al rey muerto. Y él, toneladas de vatios a su alrededor, no escuchó nada.

Ya era demasiado tarde, otro homenaje póstumo, y eso que no son los compadres norteamericanos (tampoco otros, como nuestros vecinos franceses) muy de olvidar a los más grandes entre los suyos; todo lo contrario, los ensalzan hasta la delgada línea roja que separa al mito del ‘petardo’. Es éste un prisma que dista mucho del nuestro, tan cañí, que prefiere destrozarlos -deportistas aparte, claro está- antes que elogiar sus virtudes. La envidia, esa insana costumbre.

A pesar de que la tragedia para la música popular llegara esta vez en el estado dorado de California y no en la piel de toro, el resultado ha sido el mismo. Michael Jackson se ha ido para siempre, y se ha perdido el espectáculo que más le hubiera emocionado, aquel en el que sus familiares, amigos y hordas de seguidores, contados por millones en todo el planeta, le entregaban eternamente sus reconocimientos y memorias, a cambio de haber recibido durante 40 años las cuerdas vocales de ‘Jacko’, con lo que eso supone.

El acto ha sido espectacular, como no podía ser de otra forma. Una auténtica barbaridad ‘made in U.S.A.’, un concierto de altura en la pista de los Lakers, equipo homenajeado como todo (deportista, ya saben) campeón se merece. Por cierto, Kobe Bryant  y ‘Magic’ Johnson estaban en el pabellón angelino, pero por una vez nadie se fijó en ellos. Eran Paris Jackson, hija del cantante, y la actriz Brooke Shields, amiga de infancia, los auténticos centros de atención. Seguramente dos de las personas que más homenajes le habrán hecho en vida a Jackson, de las 17.500 que se congregaron en el Staples.

Capítulo aparte: cabe preguntarse que habría pasado aquí, en nuestra querida tierra, a tan póstumo y reparador título. Con los antecedentes que tenemos, no debería haber muchas dudas. Los aficionados al fallecido agotarían la producción de tapones auditivos, para no escuchar sandeces. El hecho de que Jackson muriera quedaría, desde el mismo instante de su parada cardiorrespiratoria, relegado a un tercer, o un cuarto plano. Cientos de colaboradores, mamarrachos y ‘opinatodos’ saturarían las televisiones en su claro objetivo de protagonizar la próxima temporada de ‘C.S.I.’, sacar todos los trapos sucios habidos y por haber, y especular sobre su presente, pasado y futuro. Menos mal que las dos ‘W’ más codiciadas del periodismo, las del ¿cómo? y el ¿por qué?, quedarían siempre a buen recaudo de sus afilados dientes.

En todo caso, nacionalidades al margen, Michael es otro de muchos a los que el homenaje les llega tarde. Desde hoy mismo tendríamos que ponernos manos a la obra, coger a nuestros ídolos, y devolverles una mínima parte de lo que nos hayan entregado. Estén tranquilos, no tienen por qué ser famosos más allá de su entorno. Una madre, o un padre pueden y suelen servir; hace poco, uno de mi más sinceros amigos, consiguió reunir a familiares y amigos para rendir tributo a su progenitora, una madraza a la que la vida no siempre ha sonreído y que no pasará todavía de las 55 primaveras. Ella lloró como nunca lo había hecho, según tengo entendido.

Hasta aquí mi respeto. Tarde, claro, para predicar con el no-ejemplo.

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