Artículo de opinión, publicado el 15-02-2011 en Tribuna de Salamanca.
http://www.tribuna.net/noticia/58712/OPINI%C3%93N/pda/
¡Ja! Me río yo de las Mourinhadas de turno que tenemos que escuchar cada dos por tres diciendo que si el equipo no está acostumbrado a jugar tres competiciones a la vez, que si es demasiado trabajo… Pues nada, aquí me tienen, haciendo doblete semanal, que la noche del domingo bien merece un repaso. Y no el que le dio, dicho sea de paso, el conjunto merengue a su filial catalán, sino al trending topic (sigamos con las twitterianas lecciones) del fin de la semana. Los Goya.
Mucho se esperaba, demasiado, me temo, de la ceremonia de un año que no ha traído demasiado material que premiar. Si acaso un largo, del que estar bien orgullosos en nuestra tierra, el del paisano Rodrigo Cortés. El Black Swan de los Goya fue Buried, ese anglófono palabro que tan mal sonó en casi todas las pronunciaciones de un vergonzante reparto actoral de voces, era casi lo único rescatable de una temporada en la que no había mucho que poner sobre el tapete para defender la ley que la productora de Mentiras y Gordas ha pulsado ante ese gigante del discurso que fue Álex de la Iglesia. Soltando por su perilleada boquita demasiadas frases que la clase política tampoco ayer quiso escuchar, el director vasco tuvo bastante más acierto frente al atril que tras la cámara, lo que pudo explicar la debacle de sus tristes payasos ante los niños del negro pan.
Y es que la Academia decidió que los Goya tenían que combatir a la red de redes premiando una película de la posguerra. Todo un acierto de según qué brillantes mentes, que dan pasos hacia atrás en lugar de caminar con un ritmo más contemporáneo. Comentando por la noche vía Twitter la ceremonia de entrega, o mejor dicho leyendo a @michihuerta y su apasionada y justa defensa de Cortés, volvimos a oler en nuestro flamante TDT ese rancio aroma que viene acostumbrando a tufar nuestro dominical descanso. Lo del cine español y su temática es para hacérselo mirar, y lo del anquisoladísimo star-system patrio, más todavía. Y mientras tanto voy metiendo unos euritos a la victoria de Luis Tosar para el año que viene, apuesta segura, ¿no?
Lo dicho, que leyendo y releyando a unos y a otros, me quedo con el dato que aportó ese maestro de la opinática que es Ignacio Escolar (@iescolar). Cito: “En Madrid, Pa Negre está sólo en una sala. En seriesyonkis directamente no está”. En Salamanca, al menos vía ciber-cartelera, ni aparece. Supongo que De la Iglesia ya se encargará de pasármela vía Torrent, eMule, Megavideo, o cualquiera que sea la plataforma a través de la cual pueda comprobar lo magnífica que es o que deja de ser la obra de Agustí Villaronga.
Desde la comodidad de la distancia no me queda mucho más que hacerme preguntas (más o menos) estúpidas como ¿cuesta lo mismo ir al cine un día en España que abonarse mensualmente a Netflix en Estados Unidos? ¿Por qué Vigalondo no estuvo en el recuerdo, más que de enfurecidos twitteros? ¿Subirá la taquilla lo suficiente en 2011? ¿Mario Camus o Federico Luppi? ¿A alguien más le dio vergüenza ajena el momento micrófono de Andreu? ¿Se quedó realmente ciega Belén Wheel cuando vio que su introducción la hacía… ¡Andrés Pajares!? ¿Habrá alguna comedia en los Goya 2012? ¿Agradecerá Julian Assange el gesto que para con él tuvo Assumpta Serna? ¿Tendrá botón de silencio el teléfono móvil de Pasqual Maragall? Mejor aún… ¿en qué estaban pensando los amiguetes del ya expolítico para mandarle mensajes sin ton ni son en el mismo momento en que se encontraba recogiendo el premio al estremecedor documental Bicicleta, cuchara, manzana? ¿Quién más trabaja con música en el cine nacional aparte de Alberto Iglesias? ¿Los premiados de verdad se acuerdan de tantísima gente a la hora de felicitar o sólo quieren unos segundos más de gloria? Y la más importante: ¿son ya mejores actores Marina Comas y Francesc Colomer que el 90% de sus compañeros de profesión? Ahí queda eso.

