Artículo de opinión, publicado el 14-02-2011 en Tribuna de Salamanca.
Es el nuevo lenguaje. Y usted se va a tener que acostumbrar a usarlo. De hecho, si no lo utiliza ya, está dejando atrás un preciado tiempo para estar al día, ser una más de esas personas a las que catalogamos como “in” o VIP. Cuestión de horas, días o semanas, como mucho, será que el censo de dicha red social incremente en nuestro país a un ritmo al que no podremos contar.
Es Twitter, al igual que el resto de sus congéneres, el presente y futuro de muchos campos que degustamos los españoles cuál jamón de Jabugo, léase del periodismo, del cotilleo o de la mala leche (si es que los tres no son idénticos, claro). Desde luego, sería de cafres – y eso que los hay a patadas voladoras – el no empezar a asumir que los tiempos del periodista de calle, el que hacía reportajes como tales, y no la publicidad encubierta que vendemos hoy, el que se llevaba el trabajo a casa en forma de fuentes, por ejemplo, que esos tiempos han pasado a tiempos mejores, al menos por ahora.
En días en que la profesión está más devaluada que nunca, llámese intrusismo profesional, servilismo ciego o, directamente, cutrerío patrio, es buena hora para reflexionar acerca de lo que las nuevas herramientas en materia de comunicación pueden tener de bueno, y extraer tan sólo ese jugo. Y es que me indigna, me molesta soberanamente y me jode sobremanera que Twitter haya tenido que entrar por la puerta grande española a base de Shakiras, Bisbales y Jordis Gonzáleces. En definitiva, que no haya sido a base de expertos varios en la materia, como puede ser el ya mítico Ramón Trecet, que por cierto estuvo en una de las primeras ediciones del interesante Congreso que celebró ésta, nuestra pública Universidad, sobre Comunicación 3.0. De mentalidad futurista en un cuerpo que ya ha vivido mucho, @Trecet sirve como muestra del gran botón de buenos opinadores de la piel de toro que ya se encuentran en Twitter.
No podemos dejarnos de lado tampoco a quien cito textualmente a continuación: “En nuestro país el último escándalo Twitter, el de Jordi González contra un miembro de la red social en defensa de la candidata transexual Carla Antonelli, se suma al de varios varones entre los 30 y 50 años que levantan un nuevo conflicto masculino: ¿se vuelven más locos los varones que superan los 30 en este miniblog? Sí, porque Twitter les ofrece una fórmula para resultar atractivos. El poder de la opinión”. @Borisizaguirre dixit hace tan sólo un puñado de decenas de horas en un importante diario de tirada nacional del grupo mediático del que es partícipe habitual. Y es que es el de opinar, de todo y con razón, claro, otro de nuestros deportes nacionales. ¿O no?
Teniendo en cuenta que no me queda mucho más espacio, algo más que los 140 caracteres que nos permite Twitter, dicho sea de paso, vamos a ir finiquitando. Y me gustaría hacerlo con la historia de Jeppe Bøje Nielsen. A este escandinavo nombre responde alguien que podría ser uno más de los incontables becarios precarios que pasean por los medios de comunicación del siglo XXI. Hace ahora ya casi medio año desde que se hizo famoso, investigando un caso de terrorismo en Dinamarca, con viaje en coche desde este país hasta Bélgica incluido. Si quieren saber más, y ya que somos tan digitales todos, les dejo mejor aquí un enlace acortado de la noticia en cuestión: http://cort.as/0ZE2 (introdúzcalo en su navegador y disfrute). Leerá, entre otras frases, dos conclusiones con las que no puedo estar más de acuerdo: que no hay Twitter ni otro invento que pueda llegar a sustituir al periodista de calle y barra de bar, y que si queremos un periodismo de verdad nos tendremos que volver a rascar el bolsillo.
Ahm, y si quieren algo, nos vemos en la red. @aldotorrecilla

